Manuel Pérez Bella
Salvador (Brasil), 25 nov (EFE).- El músico brasileño Carlinhos
Brown se abre paso como padrino de jóvenes talentos en Salvador,
capital del estado de Bahía y de la cultura negra en Brasil, donde
aspira a hacer de su arte un sinónimo de desarrollo y de lucha
contra la pobreza.
"No se puede hacer música con el estómago vacío. Quiero usar la
música como herramienta para vencer algo muy peligroso, el segundo
analfabetismo", dijo el artista para explicar por qué promueve
escuelas de música en el Candeal, la favela en la que nació, y por
qué está invirtiendo dinerales en mantener el Museo del Ritmo, la
joya de su proyecto cultural.
El museo fue ideado en 2007 como un "espacio abierto" para la
cultura y las artes y forma parte de un proyecto más amplio para
recuperar la degradada zona portuaria de la capital bahiana.
En un futuro próximo, Carlinhos espera reunir los tres millones
de reales (cerca de 1,75 millones de dólares) que necesita para
comprar el recinto, ahora en alquiler y que ocupa las dependencias
de un antiguo mercado de cereales, especias y hierbas que data de
1897.
El predio de 7.500 metros cuadrados y de planta trapezoidal
conserva la estructura de la época, con altos pórticos, rejas
labradas, farolas decimonónicas en vidrio y metal y numerosas salas
oscuras que circundan un amplio y luminoso patio interior.
Las paredes del patio ahora lucen unas pinturas vivas, de tonos
intensos que se mezclan en polígonos superpuestos y que transmiten
la nueva vida de este museo, que pretende convertirse en el
principal centro cultural de Salvador.
En estos dos años, el Museo del Ritmo ha acogido obras de teatro,
desfiles de moda, exposiciones de artes plásticas, alberga una
escuela de música con 200 alumnos y se ha convertido en escenario de
diversos festivales de música, con especial enfoque hacia las
corrientes con raigambre africana.
A comienzos de noviembre el centro acogió el Festival de Músicas
Mestizas, que reunió a destacados artistas africanos como el grupo
reggae marfileño Tiken Jah Fakoly, los percusionistas congoleños Les
Tambours de Brazza o la joven y talentosa cantante chadí Mounira
Mitchala, una de las mejores sorpresas del evento.
En el espacio se acaba de inaugurar el Centro de Músicas Negras,
un museo audiovisual dedicado a la creación de las etnias negras,
que abarca desde los ritmos de los rituales sagrados africanos hasta
los clubes de jazz de Nueva Orleans y las últimas tendencias del hip
hop.
Carlinhos comenta que, por medio de estas iniciativas, están
"pidiendo perdón" por las heridas aún abiertas por más de tres
siglos de esclavitud.
El artista afirmó que Bahía recibió el "regalo" de tener la
"responsabilidad de celar los secretos de África" y de "devolver al
mundo" todo ese conocimiento y esa cultura.
Para el año que viene, Carlinhos pretende expandir el centro
cultural con la apertura de dos estudios de grabación de música en
vivo, que serán los primeros de este tipo en Salvador, y que se
sumarán a los otros cinco estudios que ya había inaugurado en la
ciudad.
Muchos músicos bahianos aplauden estos proyectos, porque les
podrían facilitar el acceso a esta industria, cuyos costes de
momento son muy altos en la región, con precios que oscilan entre
los 10.000 y los 30.000 dólares por un disco de estudio.
Con estos proyectos, Carlinhos se enorgullece de haber dado
empleo a cerca de 20.000 vecinos del Candeal y otras barriadas
pobres de Salvador, muchos de ellos, empleados directamente en la
producción musical.
Sin embargo, no todo son alabanzas. Algunos artistas se quejan de
no haber recibido respuesta de Carlinhos tras haberle enviado una
maqueta, y los propios vecinos del Candeal le han obligado a cerrar
una escuela de música en la favela por el ruido excesivo. EFE